La muerte del toro es el fin último de la corrida moderna desde su concepción y aparece recogida en todos y cada uno de los reglamentos de lo que hoy se llama en todo el mundo corrida “a la española”. Durante más de dos siglos la calidad de la estocada final fue prácticamente el único elemento de valoración para los lidiadores de a pie, singularmente hasta la aparición de Juan Belmonte que pone en valor las faenas de capote y muleta con su primigenio toreo en redondo. Cabe preguntarse porqué y si estamos ante un rito que nos llega de los autos de inmolación de animales de las culturas arcaicas o por el contrario tiene sentido para las distintas éticas de la Tauromaquia.

Son innegables los aspectos rituales de la muerte del toro en la plaza, un espacio definido y jerarquizado con un ritual idéntico y reglado en el que los intervinientes desarrollan unas funciones preestablecidas en un círculo simbolista, que empieza y termina con cada toro para volver a empezar en el siguiente. Hay también un animal portador de valores al que no se da muerte por aprovechamiento intendente de sus restos o por ser dañino o peligroso para el hombre. Si se quiere incluso aparece el deseo de apoderamiento por el hombre de los valores que el animal representa.

Sin embargo la corrida y su punto final, la muerte del toro, nunca fueron un ritual de sacrificio, porque en ella se desarrolla de forma épica  un combate cuyo principal actor es la virtud activa de la bravura del toro, sin víctima ni verdugo. Hay lidia en la que el toro  representa un valor simbólico de poder extraordinario, hay combate en el que los que intervienen, toros y hombres, representan altos valores heroicos, que disputan sobre el riesgo del máximo peligro cuyo exponente reconocible siempre es la muerte.

La lidia ordenada por los reglamentos es la concreción de ese combate y va dejando al hombre solo frente a su adversario, afirmando su dominio y su poder pero permitiendo al toro el aprendizaje que le haría intoreable de nuevo. Un adversario casi invencible, mucho más poderoso que el hombre, pero al que el hombre se ha impuesto hasta dominarlo y vencerlo.

Este enfrentamiento en el que el hombre desafía la omnipotencia del toro, contrapone la valentía y la astucia del torero a la agresividad cargada de muerte en cada envite del toro. En ese punto es donde la suerte de matar encarna la culminación de ese enfrentamiento, el torero afirma en esa “suerte de matar”, ya solo frente al animal después de haber prescindido de los subalternos, su supremacía y su heroísmo ante el desafío “o me matas o te mato” que era el fantasma que flotaba sobre la lidia.

La estocada es en ese instante la afirmación definitiva e irrefutable de la omnipotencia, ahora del hombre, frente a fuerza bruta dominada. Cuando el lidiador se dispone a ejecutar la suerte suprema, cesa la música y por muy estruendoso que haya sido el seguimiento de la faena, se hace el silencio, es la hora de la verdad. Reina un respeto seguramente anclado en reductos ancestrales, pero sentido como el momento definitivo donde el  matador culminará su obra, no es la muerte del toro lo sublime, sino el refrendo por el hombre combatiente de su supremacía. Lo que había acontecido en los tres tercios de la lidia, se concentra y resume en ese instante en que el matador se enfrenta al toro para el desenlace final previsto. La estocada frente a frente con el toro y por derecho, es la concentración de toda la lidia, puede expresar por sí sola el dominio total sobre el toro, el mismo precisamente que la faena pretendía expresar.

Si la lidia ha sido efectiva y el toro ha sido dominado, éste acudirá a la muleta guiada por la mano izquierda del matador, que perdiendo de vista los pitones, buscará el hoyo de las agujas con la espada en la mano derecha. Todo un ejercicio de sapiencia y entendimiento, pero a la vez un cruce decisivo que podría ser fatal para él, pero que la ética de la corrida exige.

Ahí reside precisamente el núcleo concentrado del heroísmo, batir a la fiera cara a cara, como el adversario más noble, exponiéndose al máximo de manera franca y leal, reconociendo una vez más al toro en su muerte como ese Titán del combate, nunca como una víctima.

Así lo recogen todos los reglamentos, la ejecución de la estocada final será determinante para la concesión de los trofeos al lidiador como no podía ser de otra forma en la ética de la Tauromaquia. Una gran faena de muleta, aún con la importancia que tiene en nuestros días, no culminará en triunfo sin una gran estocada y al mismo tiempo una gran estocada puede valer por sí misma para el reconocimiento y el triunfo del matador.

No hay pues gran faena sin estocada en la ética taurina, el final llega tras la preparación durante la lidia de ese momento que define la esencia de la corrida No se trata de dos momentos aislados, la lidia y la muerte del toro son un todo indisoluble, en todo caso la muerte del toro es la consecuencia, la culminación sin solución de continuidad de la lidia que la condujo hasta ella, es la verdadera razón de ser de la Tauromaquia y en paralelo y por definición la realización necesaria y completa del “ser” del toro, de su combate contra el hombre que debe culminar con el triunfo de éste.

Esta correlación ética y moral entre la lidia y la muerte del toro, que da sentido a la corrida, puede desdibujarse por la excesiva valoración de las faenas de muleta ante enemigos de escasa pujanza, que desafortunadamente proliferan en muchos lugares de España, pero también y sobre todo por las consecuencias que está teniendo la posibilidad del indulto de los toros en determinados públicos e informadores taurinos. Todos los reglamentos vigentes se inspiran en el artículo 83 del Reglamento de Espectáculos Taurinos estatal de 1996 para definir el indulto del toro como una circunstancia excepcional, al objeto de su utilización como semental y de preservar en su máxima pureza la raza y casta de las reses, cuando una res por su trapío y excelente comportamiento en todas las fases de la lidia, sin excepción, sea merecedora de él. Asimismo recogen, que la nobleza y bravura de un toro tengan el reconocimiento de la vuelta al ruedo en el arrastre tras su muerte, porque ese es el fin último de la lidia y de la Tauromaquia.

Sin embargo lo que observamos en los últimos años, es que muchos de los indultos, no todos por supuesto, se dan en plazas donde el trapío de las reses no es el adecuado, la suerte de varas no existe y la deseable combatividad del toro se confunde con la nobleza simplona que algunos se atreven a llamar toreabilidad. Podríamos afirmar sin equivocarnos, que raramente esos públicos están pensando en la preservación de la casta y la raza brava cuando reclaman el indulto, que muchas veces se convierte en un acto propagandístico para la plaza, para el empresario, para el ganadero, para el torero o para todos ellos.

Se alienta desde determinados medios de comunicación la idea de que el indulto del toro bravo, que hizo simple y llanamente honor a su nombre, sea considerado como un derecho adquirido a la “salvación” y a que los públicos asuman el deber moral de salvarlo como recompensa por su acción en el ruedo. Asistimos pues a un peligroso intento de desmoronamiento de la ética y la moral taurina, por la vía de una mal entendida sensibilidad animalista, que ningunea la naturaleza propia del toro bravo, su ser combativo y su lidia y muerte gloriosa, como la mejor y más digna expresión de su ser, al pretender una especie de premio a su nobleza o bonanza, que sería en este caso el  indulto, cuando los principios inspiradores del indulto y los objetivos del mismo son evidentemente otros.

 Antonio Jesús Ortega.

La relación totémica o agonista entre el hombre y el toro está fehacientemente documentada desde hace al menos 2.000 años, aunque seguramente desde mucho antes ritos, juegos, sacrificios, competiciones o hazañas han tenido lugar con estos protagonistas. Sin embargo, solo la corrida de toros moderna que llamamos “ a la española “ ,ha superado las fronteras locales, convirtiéndose en un espectáculo universalmente conocido, que ha permitido emocionar e inspirar generación tras generación a tres siglos de humanos.

Denostados o prohibidos directamente los festejos taurinos por las más altas autoridades e instituciones, desde Las Siete Partidas en el siglo XIII, por el Papa Pio V en el siglo XVI o por la pragmática de Carlos IV en los albores del siglo XIX, nada ni nadie ha podido impedir que esta fascinación por el enfrentamiento con el toro tome cuerpo definitivo y trascendente en lo que se ha definido como la Tauromaquia y su mejor representación en la corrida, “el conjunto de conocimientos y actividades artísticas, creativas y productivas, incluyendo la crianza y la selección del toro de lidia, que confluyen en la corrida moderna y el arte de lidiar, expresión relevante de la cultura tradicional del pueblo español”.

Tauromaquia y corrida evolutiva y evolucionada sin duda, mírese solo la incorporación de los petos de picar a partir de 1928 o los cambios en la cabaña brava durante el siglo XX, pero que ha conservado en todo este tiempo una serie de valores y principios que han sido su cimiento sostenedor.

En un momento en el que se oyen insinuaciones tendentes a proponer modificaciones aún por concretar en algunas normativas taurinas, conviene reflexionar sobre estos principios y valores, con el propósito de vislumbrar cuales contribuirían al mejor futuro de la Fiesta o por el contrario la desvirtuarían, abocándola a su extinción.

Tauromaquia y corrida.

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En el mundo actual en que se ha cosificado la condición de muchos animales, sometiéndoles a condiciones de vida y muerte indignas y se han extinguido especies sin contemplaciones, la Tauromaquia ha constituido un círculo virtuoso alrededor del toro bravo, que partiendo de su crianza preservadora de su singularidad específica y única que es la bravura, representa el mayor respeto posible a su naturaleza intrínseca.

Así, la especificidad de la bravura seleccionada y perfeccionada por el hombre desde el siglo XVIII, confiere al toro bravo su esencial estatus de animal salvaje criado por el hombre para el desarrollo de su hostilidad y agresividad naturales para con el propio hombre. La Tauromaquia ensalza una coherencia distintiva y respetuosa para el toro, que debe vivir y ser lo que su naturaleza exige y la prevalencia de los derechos de los hombres sobre los de cualquier otra especie y en paralelo nuestros deberes para con las especies salvajes, abstenernos de perjudicar su equilibrio, preservar su diversidad y proteger a las especies amenazadas.

La corrida de toros tal y como la conocemos hoy  permite la expresión de esa naturaleza, con el ordenamiento en la representación de un rito arcaico, el del combate entre el toro bravo y el hombre provisto de elementos básicos para su desempeño. Cuenta indefinidamente un mismo relato cuyo final está previsto, pero cuya ejecución es siempre única, irrepetible y fugaz. Es al mismo tiempo un espectáculo visual circular, completo y explícito, sin bastidores, ni decorados, la exposición cruda de la transparencia de un combate donde se va a dirimir la posibilidad del dominio del hombre sobre la fiera, el triunfo de los valores humanos sobre la fuerza salvaje, pero donde es esencial el principio del toro combatiente fuertemente armado, dotado de todos sus atributos y por lo tanto activo en su ser.

De este modo,  la corrida y su punto final, la muerte del toro distan mucho de ser un ritual de sacrificio, porque en ella se desarrolla fundamentalmente un combate cuyo principal actor es la virtud activa de la bravura del toro. No hay pues víctima pasiva ni inmolador sacerdotal, hay lidia en la que el toro representa un valor simbólico de poder extraordinario, hay combate en el que los que intervienen, toros y hombres, representan altos valores heroicos.

La liturgia de ordenamiento del ritual de la lidia envuelve y atempera lo que podría ser el caos reinante ante la imprevisible acción del toro, un aparente orden total de posiciones , símbolos y gestos como contrapunto a la permanente amenaza que promueve un enfrentamiento cuya idea rondadora es la muerte.

Un desafío en cada instante donde el peligro para la vida de los lidiadores está presente, pero donde se anuncia inexorablemente la muerte del toro. Dos éticas necesarias que conviven armónicamente en la corrida y sus reglamentos, le ética del combate que impone aceptar la lucha frente a frente , sin trampas y con un adversario no disminuido ni manipulado y la ética moral que exige el triunfo de la vida del hombre sobre la muerte del toro.

La corrida pues dignifica y exalta a ambos intervinientes por igual, al hombre porque no le equipara al animal, sino que lo eleva sobre éste y al toro de lidia porque el hombre afronta la lucha respetando su condición combativa, en el enfrentamiento más leal posible.

Un combate sin duda asimétrico que solo puede encontrar su soporte ético si es llevado a cabo con la mayor lealtad posible, con respeto a las armas y aptitudes integrales del toro de lidia. Atentar físicamente contra el toro, trampear su lidia, disminuir sus defensas o aminorar su combatividad sería tratarle como una plaga a la que se puede exterminar o peor aún como una cosa que se puede manipular a nuestro antojo, en definitiva como una cosa innoble. Un combate reñido con orden y con respeto absoluto del adversario, esa es la esencia agonista de las corridas de toros.

Los Reglamentos

Podría pensarse que las distintas reglamentaciones existentes para regular las corridas de toros, son solo el resultado de la voluntad del hombre por ordenar el tracto del combate de los hombres con los toros, adaptándose a las condiciones de unos y otros en cada momento o exclusivamente el mecanismo para mantener el orden público en un espectáculo tumultuoso y vehemente, incluso algunos dirían que son el fruto del irrefrenable impulso legislador de los políticos.

Probablemente mucho de esto sea verdad, pero si profundizamos en el espíritu de todos ellos sin excepción, veremos cómo su principio inspirador reside en la preservación de los principios y valores de la Tauromaquia antes mencionados.

El ordenamiento del festejo desde su génesis hasta el análisis postmortem, está imbuido del respeto al estatuto ético del animal y tiene su máxima expresión en las reglas de la lidia

En los aspectos formales, los reglamentos aseguran la condición de combatiente pleno de cada uno de los toros a través de su trazabilidad documental y sus reconocimientos, se debe asegurar su seguridad y confort en la plaza antes de la lidia. No se puede lidiar cualquier animal, sino solo aquel que reúne todas las condiciones máximas para enfrentarse al hombre. Este combate habrá de realizarse con los útiles que se han determinados como adecuados y proporcionales, no con cualesquiera que el lidiador decida.

Los reglamentos determinan que no podrá modificarse artificialmente ni aminorarse la capacidad combativa de los toros, asegurando así su naturaleza vital y garantizando el principio ético del combate, un combate leal que impone la equidad y el respeto al adversario a través de sus articulados, asegurando al mismo tiempo la prevalencia moral del hombre sobre el toro. Un ordenamiento que castiga y persigue esta minoración de la condición natural del toro, previendo incluso el análisis de sus restos en el análisis postmortem.

Los reglamentos ordenan la lidia a través de la observancia del principio del respeto al estatuto ético del toro, no taparle, no cegarle, no quebrarle, no hacerle derrotar contra los burladeros, ejecutar las suertes con arreglo a normas que permitirán siempre la expresión íntegra de las capacidades del toro.

La presencia de los distintos lidiadores está sujeta a la misma naturaleza del toro, más al principio de la lidia, cuando el poder del toro es máximo, solo el matador en el tercio final y en el momento sublime de la muerte, donde se concentrará el dominio exhibido durante la lidia, con exposición total y máxima  del hombre para dignificar el fin mismo de la vida combatiente del toro.

Pero si el principio ético humano de la imposición del hombre sobre el animal está previsto en el anuncio del propio festejo y en el desarrollo reglamentario, los valores del hombre habrán de demostrase en cada momento de la lidia; la bravura, la entereza, la nobleza y el poder del hombre habrán de manifestarse indudables para que el lidiador alcance la gloria. Los reglamentos valoran cada una de las ejecuciones de los tercios de la lidia, la correcta ejecución y limpieza de las suertes, el dominio y la proximidad con que son ejecutadas, especialmente en el momento álgido de la suerte de matar. Cualquier acto innoble del lidiador, cualquier argucia esquivadora de su valor o cualquier falta de respeto al animal, serán automáticamente consideradas como descalificadoras y condenarán al actuante a la ignominia y el descrédito , además de proporcionarle en algunos de estos casos la sanción prevista por el propio reglamento.

Aquí debemos recoger de nuevo el círculo virtuoso de la corrida aplicado a los reglamentos, las reglas de la lidia desde Pedro Romero hasta nuestros días, se han ido construyendo para el toro de lidia, para la mejor expresión de su ser intrínseco y a su vez, el toro de lidia se ha ido cuidando en su bravura, condición sublime y única de su ser, para que se ponga de manifiesto a través de esa misma lidia regulada que garantiza la realización íntegra del mismo. El axioma se completa porque ambos enunciados permiten a través de los reglamentos, la elevación de la condición humana y sus valores a través de la lidia.

 

 

Siglo XXI

Esta trazabilidad evolutiva ha mantenido la Fiesta como patrimonio cultural único en el mundo, pues no es comparable con ninguno de los existentes y sin embargo vemos como a lo largo del siglo XXI en muchos lugares las plazas de toros han ido progresivamente perdiendo espectadores, al mismo tiempo que centenares de jóvenes se esfuerzan en ser toreros. El siglo de las nuevas  tecnologías, de las realidades virtuales, del acceso global a la información y a toda clase de experiencias para una parte de los pobladores del mundo, es también el siglo del tedio y de la alextimia como incapacidad para expresarse y sentir.

Esta aparente contradicción mueve a pensar que el impulso de los valores de la corrida y lo que representa, sigue estando vigente y conmueve con su inigualable verdad a los aspirantes, pero decepciona en la práctica a los espectadores.

Siendo la corrida de toros un contrapunto alternativo de tan emocionales valores y autenticidad, éstos se desvanecen en muchas ocasiones ante los espectadores, dando paso a una exhibición plana y desmotivante.

Estamos en muchos festejos ante la corrida light, a la que se le ha privado de la emoción de esa verdad del combate leal y real entre el hombre y el toro, que debería estar envuelta en la liturgia que le hace honor, pero que se nos aparece desprovista de sus atributos elementales. Afortunadamente esto no ocurre siempre ni en todos los cosos. Cuando el festejo reúne las condiciones primigenias básicas, los espectadores y aficionados pueden no recordar cuantos trofeos obtuvieron los espadas, pero guardan en su interior el recuerdo de una emoción vital.

¿Dónde se separan las líneas paralelas de los dos elementos activos principales de la corrida, toros y toreros? La respuesta es fácil, cuando la preparación y capacidades técnicas de los toreros han ido aumentando sin cesar y la pujanza y acometividad de los animales ha ido disminuyéndose a la misma velocidad. Vemos como los mejores de entre aquellos, lidian mayoritariamente los más débiles de éstos. En estos escenarios no estamos asistiendo a un combate equitativo y asimétrico, sino a una especie de representación abusadora y desigual.

Esas líneas se repelen cuando aparece la corrupción del espectáculo en forma de manipulación de las defensas de los toros, el afeitado de los pitones que apenas se combate en España o América y que por el contrario es enseña de la Tauromaquia en Francia. Probablemente su principio cartesiano de que solo lo que es auténtico permanece en el tiempo sea el fondo de esta actitud francesa ante el afeitado de los toros.

Indudablemente hay que seguir evolucionando la Fiesta de los toros y seguramente sus reglamentaciones, pero ya se ve que aquellas acciones de hecho, que no de derecho,  que han ido contra los principios y valores de la Tauromaquia y la corrida, han fracasado estrepitosamente y han expulsado a muchos aficionados y espectadores de las plazas, aunque hayan reportado pingües beneficios a algunos. Por el contrario, aquellos destellos de autenticidad e integridad de la Fiesta que se producen y se mantienen, afianzan y engrandecen aficiones y espectadores.

Las propuestas reglamentarias que la Asociación de Presidentes españoles (ANPTE) ha venido haciendo desde  su Congreso de 2011 iban ya en la buena dirección, estas son algunas:

  • Extender la obligatoriedad de los dos puyazos a las plazas de segunda categoría.
  • Instaurar un procedimiento reglado, aleatorio y con plenas garantías para el análisis obligatorio de las astas de los toros.
  • Abrir un debate documentado sobre la influencia real de las fundas en los pitones de los toros.
  • Promover acciones legislativas en la U.E. para impedir la excesiva manipulación de los animales derivada de los saneamientos.
  • Instaurar un sistema de distintas puyas identificadas por colores a elección del matador para su libre uso en cada caso con visibilidad para los espectadores.
  • Limitar a tres el número de entradas a matar posibles y golpes de descabellos en los matadores de toros.

Cuidemos de que la voracidad legislativa valore el coste de oportunidad y no pierda de vista estos extremos, porque el delicado momento que vive la Fiesta no permite veleidades ni probaturas que podrían resultar fatales. No permitamos tampoco un gatopardismo que perpetúe las malas prácticas o su vulgarización, cambiándolo aparentemente todo para que nada cambie en realidad.

Texto parcialmente contenido en el Tema IV de los 24 que componen el Curso de Presidencias impartido por la Asociación de Presidentes de España (ANPTE) en 2017.

Antonio Jesús Ortega. Experto universitario en la dirección de espectáculos taurinos, miembro de ANPTE y presidente de plazas de toros.

El pasado día 3 de diciembre se reunieron en Valencia la mayoría de los socios que residen en esta región levantina, para tratar asuntos relacionados con nuestra asociación y celebrar una agradable jornada de convivencia.

Entre los asuntos comentados tuvo prioridad el acuerdo unánime de iniciar unas acciones encaminadas a mostrar en importante fondo de ANPTE tanto a nivel de los recursos humanos como de la infraestructura disponible al servicio de la Administración. En concreto, se trata de actuar en dos frentes, el de los Ayuntamientos –incluso buscando la colaboración de la Federación de Municipios y Provincias- y Diputaciones Provinciales,  así como a nivel de la Consellería, con el objetivo de mostrar a estos organismos en qué consiste ANPTE, el nivel formativo de sus socios y el acto de Justicia que supone el acceso a los palcos en condiciones de igualdad y méritos.

Tampoco faltó tiempo para conversar sobre la actualidad taurina y el anecdotario, así como planificar posteriores encuentros coincidiendo las ferias de la Magdalena en Castellón, Fallas en Valencia y Hogueras de Alicante. Pese a lo complicado de la situación en general y del hostil color político hacia los toros en esta región, las ganas de trabajar y la ilusión están patentes.

Asistieron a este cordial encuentro Juan Moreno, Paco Balaguer, Raúl Penya, Pedro Madrigal, Paco Ferri, Manuel Hernández, Cayetano Gómez, Paco Bigorra –como invitado- y José Luis Barrachina, quienes aprovechan la ocasión para enviar a todos ustedes un mensaje de Feliz Navidad y próspero Año Nuevo.

Ha fallecido D. Antonio PAIVA SOLANO , Presidente de la Plaza de Toros de BADAJOZ, DURANTE MAS DE UNA DÉCADA, y socio fundador de ANPTE.

Lamentamos su pérdida y desde aquí queremos trasladar nuestro más sentido pésame a sus amigos y  familiares.

Que descanse en Paz.

(Os dejamos el recorte del vídeo de Tendido Cero, haced clic en el Play para visionarlo)

El Congreso de ANPTE celebrado los días 12 y 13 de noviembre ha tenido su repercusión en la prensa.

Os dejamos una serie de enlaces desde donde poder leer diferentes noticias al respecto.

(Haciendo click en el nombre del medio, veréis la noticia).

 

EL PAIS

APLAUSOS

CULTORO

PUREZA Y EMOCION

SEVILLA TORO

OPINION Y TOROS

PEREZALARCON

Los días 12 y 13 de noviembre de 2016 se ha celebrado en la Sala Antonio Bienvenida de las Ventas el VII Congreso anual de ANPTE, que ha resultado todo un éxito.

El sábado 12 tuvimos la suerte de disfrutar de una conferencia a cargo del presidente de la Asociación Taurina Parlamentaria, D. Miguel Cid Cebrián, que disertó sobre la reciente sentencia del Tribunal Constitucional que anula la prohibición de los toros en Cataluña.

Ese mismo día por la tarde celebramos nuestra Asamblea General, en la que Presidentes de toda España debatimos sobre los asuntos de interés para los Presidentes y equipos gubernativos y para la fiesta de los toros en general.

Las conclusiones del Congreso fueron las siguientes:

1.- La Asociación Nacional de Presidentes de Plazas de Toros, ANPTE, se congratula por la Sentencia del Tribunal Constitucional que anula la prohibición de los Toros en Cataluña, y deseando que vuelvan pronto los toros a esa comunidad autónoma, se compromete a participar activamente en cuantos actos se realicen a favor de los Toros en Cataluña.

2.- LA FIGURA DEL PRESIDENTE.- Desde ANPTE se muestra cierta preocupación por los crecientes ataques hacia la figura del Presidente de Plazas de toros en el ejercicio de su función. Uno de los fines de ANPTE es la defensa de los presidentes que sean atacados por su actuación en el palco, por lo que se ejercerá activamente la defensa y las acciones que correspondan frente a los mismos.

3.- FORMACION DEL PRESIDENTE.- En la actualidad no existía un curso de presidente para aquellos aficionados que deseen formarse y pertenecer a nuestra asociación, por ello, ANPTE pone en marcha, a través de su página web, un curso que garantiza al menos los conocimiento básicos de nuestra función, y permite acceder a la condición de socios de ANPTE.

3.- TRANSPARENCIA.- ANPTE solicitará a las administraciones competentes la publicación de las actas de los espectáculos por vía telemática, para que cualquier interesado pueda acceder a ellas, así como la posibilidad de que el presidente del festejo pueda exponer en el acta final los fundamentos de las decisiones adoptadas durante la corrida, para conocimiento general de la afición.

4.- INTEGRIDAD DEL ESPECTACULO.- El Presidente tiene como función principal la garantía de los derechos de los espectadores, por lo que desde ANPTE se instará a las administraciones para que se establezca un sistema más adecuado de control de la integridad de las reses, y en concreto se propone que se generalice el sistema aleatorio de análisis de pitones acogido por la comunidad autónoma del País Vasco, el sistema de las bolas.

Un saludo. Gabinete de Comunicación de ANPTE.

PROGRAMACIÓN DEL VII CONGRESO ANPTE MADRID, 12 y 13 de Noviembre de 2016

Sala Antonio Bienvenida. Plaza de Toros de Las Ventas

Sábado, 12 de noviembre:

11.30 horas:  Apertura del Congreso con la presentación conjunta entre ANPTE y Asociación Taurina Parlamentaria (ATP) de convenio de colaboración entre ambas entidades.

12 horas: Conferencia a cargo de D. Miguel Cid Cebrián, Presidente de la ATP, sobre la reciente sentencia del Tribunal Constitucional que anula la prohibición de las corridas de toros en Cataluña

17 horas: Asamblea ANPTE

19 horas: Debate abierto entre socios ANPTE sobre análisis temporada: Problemáticas principales desde el punto de vista de las presidencias taurinas.

Domingo, 13 de noviembre:

10 a 13.30 horas: Debate abierto análisis temporada (continuación).

Click aquí para su descarga

El Diario Oficial de Castilla-La Mancha de 20 de octubre publicaba el Decreto 60/2016 de reforma de los festejos taurinos populares.

Pese a su anuncio de “festejos populares” recoge una disposición adicional que afecta de lleno a las presidencias de los espectáculos taurinos y que supone una alteración muy importante en el sistema de nombramientos de presidentes de plazas de toros.

En lo sucesivo el artículo 38 del reglamento taurino nacional ha quedado desplazado en Castilla-La Mancha que aplicará la Disposición Adicional Sexta recogida en el Decreto aludido.

La nueva regulación dice así:

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La Asociación Nacional de Presidentes Plazas de Toros de España muestra su satisfacción y celebra el fallo de Tribunal Constitucional que estima el recurso de inconstitucionalidad contra la prohibición de celebrar corridas de toros y otros espectáculos taurinos en Cataluña.

Desde ANPTE se valora muy positivamente, de cara al futuro y ante posibles intenciones prohibicionistas de algunas comunidades autónomas o ayuntamientos, que se reconozca la competencia del Estado para la “preservación del patrimonio cultural común” teniendo la Tauromaquia esta condición atribuida por ley.

Haz click en la siguiente línea para ver la nota informativa:

nota-informativa-no-85-2016

 

 

Nuestro compañero José Luis Diaz Solarana ha sido nombrado recientemente, por el Consejero de Presidencia y Justicia de la Comunidad Autónoma de Cantabria,  Asesor Técnico suplente en materia Artístico-Taurina, para que asista a los Presidentes de Plazas de Toros en los festejos que se celebren en la Comunidad Cantabra durante la presente temporada 2016.

Los que conocemos a José Luis sabemos que es un excelente aficionado, de prestigio, que viaja constantemente por toda España viendo corridas de toros y asistiendo a las principales ferias durante toda la temporada, por lo que sus conocimientos y sabiduría en materia taurina son extensos.

Una magnifica elección por parte de la Comunidad Autónoma de Cantabria, con la que se benéfica a la tauromaquia;  y a nuestro compañero le deseamos toda la suerte del mundo en la difícil función de subirse al palco presidencial, que sin duda realizará con total acierto. Le seguiremos en la feria de Santander que comienza en unos días.

 

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